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Cercos: Mucho más que un simple límite

Por Cristina Rubina


Cerco de Gramíneas, formios y Hemerocallis dividen la propiedad


Cerca original de troncos y ramas secas

No sólo los cercos sirven para marcar un límite, sino que podrán generar espacios dentro del jardín, destacar algún sector o recubrir paredes que nos molestan.

Ya sea que usted viva en pleno centro de la ciudad, o en barrios, tanto cerrados como abiertos, siempre se busca preservar la intimidad y dar seguridad a su vivienda.

Los cercos pueden ser muros, cercas de madera, alambre, cañas etc., o cercos verdes o vivos. Estos últimos, si bien se han usado desde siempre, al revalorizarse la vida al aire libre, le aportó un sentido estético, reemplazando la pared formada por plantas de una misma especie, que dan una impresión de monotonía, aunque algunas veces es muy útil.

En la ciudad constituye una pantalla eficaz contra el ruido y el medio más seguro de conseguir intimidad; refrescan y realzan el jardín y la casa. Si hablamos de zonas más abiertas, nos benefician, jugando el papel de cortavientos, generando microclimas y un paisaje más manejable.

Además de asociarse al entorno, proporciona movimiento, ritmo y estilo.

Es la primera impresión que recibe el visitante cuando llega a su casa, por lo tanto la elección de las plantas, así como su colocación, definirá un estilo.


Clematis sobre alambre cubriendo una pared


Cerco de cañas y bambú

Clematis sobre alambre

1. Se puede cambiar la rigidez, o el carácter monótono de un cerco plantando una trepadora que se cuele, pero que no ahogue, como por ejemplo una Capuchina (Tropaeloum speciosun), Campanillas (Ipomoea) o Clemátides (Clematis).

2. Son todas plantas fuertes que resisten en el suelo empobrecido de los cercos y en el caso de la Clemátide, si se posterga la poda hasta después del otoño, nos regalará un gran colorido.

3. Algunas más fuertes, como un Rosal trepador, una Glicina (Wisteria sinensis), o una Madreselva (Lonicera), las cuales necesitan mayor contención.

 Cerco de Pyracantha de frutos rojos  Cero de hiedra (Hedera)  Cerco de Madreselva

 

4. Trate de evitar el rigor de un cerco plantado en línea; hágalo serpentear, cree rupturas, diferencias de nivel, que aunque le ocupe algo más de espacio, puede plantar florales en los espacios libres.

5. Mezcle especies, redondee los ángulos, libere las formas, y juegue con los colores del follaje.

6. La altura del cerco es importante, para no perder la sensación de bienestar, de cara a una muralla verde. Debe mantenerse en proporciones “humanas”.

7. Si necesitamos elevar un muro bajo existente, para tapar alguna vista desagradable, o preservar la intimidad, se pueden conseguir espalderas rígidas, trillage de madera o plástico, que se colocan sobre el muro y plantar allí alguna trepadora que despliegue su colorido y aroma, como la Pasionaria (Pasiflora), Madreselva (Lonicera) o Jazmines (Jasminun).

 Cerco de coníferas marcando el acceso Hiedra sobre pared divisoria  Cerco de madera cubierto con rosal rojo 

Cómo plantar

En estos casos deben seguirse las reglas básicas que usamos para los arbustos, sólo que necesitan una mayor densidad en la plantación, lo que debe tenerse en cuenta para su cuidado fitosanitario, que requerirá mayor atención y una alimentación especial, para mantener la lozanía en las plantas.

Hay que tratar que el suelo esté bien preparado, colocar compost o algún fertilizante al comienzo, y ver que las plantas estén sanas (comprarlas en su vivero de confianza)

1. Cercos bajos: Nandina, Teucrium, Evónimus, Buxus, Viburnum compacta
2. Cercos medianos: Ligustrinas, Cotoneaster, Viburnum tinus, Oleas, Nerium.
3. Cercos altos: Ligustrum, Pyracantha, Nerium oleander, Forsythia.

 Cero bajo con Santa Rita  Solanum jasminoides  Thuja y Capuchina

 Lo más  importante es formar desde el comienzo muy bien el cerco y tener muy claro que es lo que se busca al plantarlo.

Cerco estructurado (formal)   Cerco informal de Pyracantha  Cerco informal con Rusella equisetiformis (lluvia de oro) Cerco bajo de mampostería y madreselva 

Cómo podar

 Si queremos un cerco de formas  libre o regular, no es muy difícil de mantener.  La poda consiste en igualar y contener.

Cada vez que los brotes nuevos aparezcan dejando el cerco desprolijo, sólo hará falta una tijera de mano bien afilada para retocarlo.

Las formas más complicadas, necesitan cuatro podas por año. Un cerco, con marcadas formas geométricas, necesitará que se lo recorte,  tres veces al año, y un cerco libre, sólo una o dos veces.

Si dejamos que crezca sin podas de formación, tendrá una apariencia más salvaje y relajado; si por el contrario, lo controlamos permanentemente, expresará refinamiento y rigor. Esto se  marcará por el gusto  del dueño y del estilo que quiera darle a su casa y jardín.


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