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Cosechar y conservar nuestras propias semillas: Un modo de enriquecer la vida

Textos: Javier Souza Casadinho
Fotografías: Diana Roglich

Es seguro que los lectores de esta nota tuvieron alguna vez una semilla en sus manos. Quizás no hayan pensado en su procedencia o en quién la cultivó o por qué existen diferentes variedades de una misma especie. Es posible también que se hayan preguntado ¿por qué algunas semillas están “pintadas” de colores?

Las plantas que hoy cultivamos –que nos alimentan, agradan nuestros sentidos y nos curan– derivan, y por ello están emparentadas, de muchas plantas silvestres. En un largo proceso, los seres humanos fuimos observando las que más se adecuaban a nuestras necesidades –culinarias, medicinales, textiles– y seleccionamos las mejores, recolectamos sus semillas y las guardamos para la otra temporada, probando diferentes fechas de siembra, etc. Un lento y extenso camino, donde las mujeres jugaron un rol fundamental, por estar cotidianamente más cerca de la casa y de las necesidades de la familia. Un proceso de observación, análisis, prueba, ensayo, discusión, selección y adaptación.

Cuando hoy comemos un vegetal, por ejemplo los tomates, ¿pensamos cómo era la planta original? Somos herederos de un proceso que no solo debemos aprovechar, sino continuar. Por eso le proponemos sembrar, cosechar, conservar e intercambiar semillas de hortalizas, de plantas florales, medicinales, tintóreas y textiles. ¿Cómo? Aquí van algunas pautas.

Lechuga (Lactuca sativa)  Cebollino chino (Allium tuberosum) Semillas de Lino

¿Por qué guardar semillas?

Hay muchas razones y cada uno de nosotros puede hacer una jerarquización de ellas. En primer lugar como hecho cultural, propio de nuestros sueños e ideales. Es importante atesorar y enriquecer las semillas de aquellas plantas que consumimos cada día, haciéndonos integrantes de procesos más amplios que nos contienen e invitan a participar.

En segundo lugar, podemos guardar las semillas de las plantas que mejor se adapten a nuestra zona: a las temperaturas, al régimen de lluvias, a las condiciones del suelo. En este momento de cambios climáticos, más que nunca, deberemos actuar seleccionando aquellas variedades que pueden adaptarse al nuevo régimen de lluvias o a la variación de temperatura.

También conviene guardar semillas por un criterio económico: si marcamos las plantas, las cuidamos y cosechamos las semillas de manera adecuada, no gastamos dinero.

Además, y esto es muy importante, nos aseguramos la identidad y calidad de las semillas. Por identidad nos referimos a que la variedad se corresponda con aquella que queremos y no sea de otras similares y emparentadas. La calidad se refiere a que las semillas estén sanas –que no contengan insectos, ni esporas de hongos, ni bacterias– y tengan todos sus órganos vitales –el embrión, los cotiledones y las cubiertas. Tanto si contienen esporas de hongos como por ausencia del embrión, las semillas pueden no originar las plantas que deseamos.

Aunque no menos importante, conservar las semillas implica poder utilizarlas en el momento en que nosotros lo deseamos, en el momento oportuno, sin esperar que estén disponibles en el mercado.

Obtener nuestras propias semillas nos permite comenzar un cultivo de manera orgánica o agroecológica, dado que muchas veces las que compramos están tratadas con plaguicidas –las reconocemos por el color rojo o azul. Manipular las semillas con plaguicidas es peligroso, porque puede ingresar a nuestro cuerpo causando diferentes tipos de enfermedades.

Tomates Cherry Semillas de Trigo Arvejas (vaina y semillas)

Cosechar, conservar e intercambiar semillas forma parte de la resistencia a la mercantilización de los alimentos y al patentamiento de la misma vida.

El mercado mundial de la compra y venta de las semillas está dominado por un grupo de solo seis empresas. De modo vertical, estas empresas integran en los complejos agroindustriales las etapas de producción de semillas y plaguicidas y la de producción y comercialización de alimentos. Estas empresas son las que determinan qué semillas se mejoran, qué variedades se lanzan al mercado y con qué características; es decir, deciden lo que usted y yo comemos, más allá de nuestros gustos personales. Aquellas variedades de plantas que no se adaptan a lo que el mercado está dispuesto a consumir, son dejadas de lado.

Así, mientras los huerteros-consumidores seleccionamos las plantas de las cuales obtenemos las semillas por su gusto, color, fragancia o sabor, el mercado solo selecciona aquello que resista al transporte, lo que pueda conservarse más en la heladera o en una góndola, o lo que sea homogéneo –igualdad en la maduración sobre la planta, en el tamaño o en el color. Así, variedades gustosas como el maíz Paraguayo o el tomate Platense han sido dejadas de lado por la forma o el tamaño de los frutos.

Además, este proceso concentrador del capital está intentando concentrar la vida, a partir del patentamiento de especies y variedades de plantas. Y si una variedad de planta se patenta, solo podrá utilizarla aquel que pague las regalías.

Pasos a seguir para la Conservación de Semillas

  • Definir qué queremos atesorar
  • Seleccionar las mejores plantas
  • Recolectar las semillas cuando estén maduras
  • Limpiar las semillas
  • Etiquetar y Almacenar

Les recomiendo empezar con unas pocas variedades, a fin de ir tomando experiencia en las diferentes partes del proceso. Primero debemos decidir aquello que queremos atesorar: ¿plantas hortícolas, medicinales, flores? ¿Por qué las guardo? Cuando aclaremos estas dudas, podemos seguir adelante.

Definir qué queremos atesorar

Selección

Elegimos la planta de la cual queremos obtener y guardar las semillas. Ya sea porque floreció temprano, o tarde, porque los frutos fueron más grandes, o porque resistió a los insectos. Marcamos la planta a fin de que toda la familia sepa que la estamos reservando, una banda de tela es suficiente. Debemos regar y abonar bien esta planta, sobre todo cuando esté en floración y producción de semillas. Observemos permanentemente el estado del ejemplar, anotando las fechas de cada fase: floración, fructificación, etc.